Estuve mucho
tiempo pensando en la forma correcta de empezar a escribir sobre mi repetición y
después de indagar por muchas horas frente a la hoja totalmente en blanco, no encontré
ninguna. Creo que no existe una forma correcta para comenzar a escribir algo
tan personal más que hacerlo de forma impersonal (de cualquier manera, esto es psicoanálisis),
entonces dejare que las palabras fluyan y se plasmen a lo largo de la página y
con suerte, poder expresar lo que en mi cabeza esta de forma concreta.
Bueno, básicamente
mi repetición consta de buscar exactamente lo que no me conviene, pero eso
suena muy común con el resto de las personas ¿no es así?, quizás deba
explicarlo mejor, busco todo aquello que puede perjudicar mi estabilidad como
persona. Wow, eso acaba de salir muy espontáneamente, la verdad no tenía idea
que esa era mi repetición real, siempre pensé que era algo más simple como enamorarme
del muchacho que me hiciera sufrir más jaja, Prof. Carolina 1 – Marielen 0.
Pero ¿Qué es lo que
yo considero inestabilidad?, pues, comenzare partiré desde el inicio: toda mi
vida fui una muchacha muy problemática, bastante cerrada, de pocos amigos, me
encantaba perderme en la música que salía por mis audífonos, escuchaba bandas
alternativas que tocaran música suficientemente depresiva como para alterar mi
estado de ánimo feliz y volverlo totalmente melancólico. Me gusta escribir,
desde que tenía aproximadamente 11 años disfrutaba escribir cualquier cosa que
viniera a mi cabeza, pero nunca nada que fuera bonito o armonioso, todo siempre
estaba inclinado a mi lado triste y lo que yo en esa época inmadura consideraba
“mis demonios”. Fui creciendo, y poco a
poco fui dejando a un lado ese lado tan triste de mi personalidad, sólo para
hacerlo más gráfico, enamorándome del que menos podía corresponderme; Y preste atención,
que aquí se pone bueno, siempre y esta vez es literalmente siempre, me enamoro perdidamente del chico que menos puede
corresponderme, es una especie de click que hago con todo aquello que encuentro
disfuncional (puede estar tranquila profesora, no me voy a ir con un discapacitado
mental que vaya a mi consulta privada), pero vuelve la misma pregunta que hace
ruido: ¿Qué es disfuncional?. En mi experiencia, una persona disfuncional es la
persona que no consigue integrarse consigo mismo y todo lo que le rodea, más explícitamente
seria decir, aquel chico que todo los consideran como el bueno para nada. El
que no estudia, que tiene mil novias y no se queda con ninguna, el que es
prepotente, que tiene una familia disfuncional (o que va en camino a serlo), el
típico hombre que toda mujer dice “este no me conviene” bueno, para ese precisamente
existe una mujer como yo.
¿Con que fin?
Creo que entra en mí una especie de sensación de superhéroe que dice: “yo puedo
ayudarlo, porque soy una buena muchacha, y yo soy lo que el necesita para
encaminar su vida.” Típico. Una vez leí un artículo publicado por las psicólogas
Mary Lamia y Marilyn Krieger, las cuales decidieron titular el susodicho como “El
síndrome del Caballero Blanco”, lo leí hace un par de años por casualidad,
citaré brevemente el contenido del mismo para poder expresar mi idea mejor:
“El síndrome del caballero blanco se refiere, tanto a hombres como a
mujeres que se enamoran de personas problemáticas o vulnerables con la
esperanza de que su amor les transforme en príncipes o princesas de cuento y,
al final, haya un final feliz. Los caballeros blancos rescatan a su pareja de
los dragones (problemas económicos, abuso de sustancias, depresión, una mala
relación, una vida poco gratificante), creyendo así, que se generará un fuerte
vínculo entre ellos.”
Como podrá notarlo,
fue muy congruente con lo que yo me atrevo a llamar mi repetición. Y de eso se trata exactamente, enamorarse de
la persona inestable que ya no tiene remedio, o mejor dicho, el que siquiera se
preocupó por tenerlo alguna vez. Claro que también influyen otros factores en
esa atracción fatal, como el físico, pero no me desviare del tema. Una vez que logro fijar mi objetivo, entonces busco la
forma de estar junto a esa persona de cualquier forma posible, indagar en su
vida, saber que sucedió con él/ella, y establecer un lazo de cualquier tipo que
pueda hacer que esa persona confíe en mí y quiera tenerme cerca (hasta maquiavélico
se escucha, pero prometo que no es con ese fin), luego, con suerte, quizás puedo gustarle a la
persona compartiendo cosas en común, pasando buenos ratos, y dejando que vean
lo bueno que hay en mí. Hasta ahora todo va bien.
Entonces con
suerte, está conmigo y me enamoro perdidamente de esa persona. Abandono prácticamente
todo por esa persona, dejo a un lado muchas cosas de mi para hacerle sentir
bien, estoy siempre ahí para él/ella. Me vuelvo la persona más detallista y
empalagosa del universo, con tal de hacerlos feliz. Llega el momento de conocer
a la familia, y como toda mujer, busco caerles bien, y quizás con el tiempo
adaptarme más a la familia y compartir con ellos con el fin de poder ser una
persona a la que le puedan guardar gran aprecio. Y poco a poco voy haciendo que
la persona que está conmigo mire la vida desde otra perspectiva más positiva,
sacar esas potencialidades, ayudar a que encuentre su ser que había olvidado en
alguna parte, que se integre más a su familia y dado que soy una persona
sumamente observadora y pensativa, puedo brindarle otras alternativas a la resolución
de sus problemas familiares, financieros, y puede que con los problemas
personales también. Y eso, de alguna forma, me llena. Me hace sentir que tengo
un buen propósito y que la calidad de vida de la persona que quiero puede
mejorar gradualmente gracias en parte, a mí.
Y por un
momento, así es. Una relación totalmente sana y feliz que desprende
corazoncitos por el aire. Y es allí donde
todo se vuelve un caos. Las personas empiezan a autorealizarse de tal forma que
comienzan a amar su vida en extremo: empiezan a estudiar, a trabajar, hacen
ejercicios, su dinámica familiar mejora significativamente y creen en perseguir
sus sueños como una meta tangible en la vida. Todo es posible con Marielen, si,
aja. Pero entonces para mí, todo comienza a cambiar, porque ya no me necesitan.
Y ese siempre ha sido el propósito oculto y retorcido en todo esto, ya no
necesitan a la novia feliz que le lleve detallitos y cartitas cuando están tristes,
ya no necesitan escuchar el sermón, ya no necesitan pasar tanto tiempo con su
novia como hacían antes, de repente las otras cosas se convierten en más
esenciales y lo que era un “te amo con locura” pasa a ser un “yo también”. Y es
ahí donde la neurosis se dispara en mí, y comienza a brotar el desastre de
persona que soy. Recurro de nuevo a mi tristeza, a mi vida introspectiva,
vuelvo a mi vicio con el cigarrillo porque la ansiedad comienza a consumirme, y
por un instante tan solo me tiendo en la cama a llorar esperando que alguien
haga lo que yo hice, pero esta vez por mí. Creo que en esa frase he contestado
lo que usted esperaba leer. Ya no me necesitan, ya no soy tan importante y el
caos se despliega en la relación feliz y los corazoncitos en el aire salen
corriendo. Les dejo ver todo lo que soy, y esta vez, con lo malo también.
Pero nadie se
queda con eso, nadie se quedaría con una muchacha tan fucked up como yo, cuando
su vida está al tope. Entonces comienzan las peleas y los indicios que van a
marcharse y yo tan solo lo sé. Y es allí donde continúa mi repetición, porque
inconscientemente yo provoco todo esto. Y justo cuando siento que esa persona
se marchara muy pronto, entonces busco rápidamente otra persona que pueda
suplantar, de cierta forma, el vacío que la persona que está a punto de
abandonarme, dejará en mí. Con el fin de que no duela tanto. Lo ilógico es, que
no me molesta la soledad, de hecho me gusta estar sola, vivo sola (no mentiré
en decir que a veces, muy pocas, me entristezco por ello), pero supongo que no
soporto sentirme solitaria. De cualquier forma el ser humano es un ser social y
por más introspectiva que yo sea, no soporto la idea de no tener a nadie a
quien recurrir cuando necesito compañía.
Y concluyendo
con tanto cuento, al final cuando se marchan, probablemente ya exista otra
persona. Y ese mi patrón, mi falta de afecto, mi miedo irracional al abandono,
mi promiscuidad, mi caos, mi necesidad de que la otra persona me necesite tanto
como yo le necesito. Y el placer culpable en todo esto, es que me aseguro de a
pesar de no ser tan esencial como el principio, ser lo suficientemente
detonante como para marcar una diferencia en mi ausencia. Aunque probablemente,
ya en ese punto, no me importe más. El problema real en todo esto, es que no solo
pasa en mis relaciones amorosas…
“El problema es que se trata de un
vínculo basado en la dependencia y cuando su pareja se recupere, sentirán que
ya no les necesitan, y el caballero abandonará esa relación en busca de otra
persona que necesite (y esté dispuesta a) que la rescaten. Este
comportamiento se debe a un deseo oculto. Lo que en realidad está buscando el
caballero blanco, es su propio rescate. En algún momento ha vivido una pérdida
o un abandono y, para esconder su vulnerabilidad, actúa mediante un mecanismo
de rescate compulsivo hacia los demás.”
Solo una persona
ha roto ese patrón, nadie a quien tuve que arreglar, nadie a quien tuve que
salvar, ninguna promiscuidad, ningún sustituto, ningún vicio, nadie a quien
impresionar y justamente por eso, el caos fue peor en mí. Y ya después de 2
años aproximadamente, aun duele enteramente cuando le pienso. ¿Eso que tuve,
pero que perdí y ahora nunca más poder
tener? Sí, eso.
Supongo que
todos tenemos alguna vez a ese alguien que rompe los esquemas y nos desbarata
para siempre la vida. El objeto del deseo.
Marielen Medina
