1:54 a.m., a este punto ya ni sé que debo o no saber.
No sé nada de ti, ni de mi, ni mucho menos de nosotros.
Sentía tantas ganas de quedarme y no dejarte allí llorando, una parte de mi se quebraba lento, pero no valía la pena... todo estaba perdido en esa conversación, y no hubo nada que pudiera hacer para sostenerte en ese instante.
Ese rostro, esa imagen borrosa de tus ojos llorosos, nunca podré olvidarla... Así como el pensamiento de
"¿Cómo carajos todos a quien amo terminan viéndome con esa mirada? ¿cómo demonios hago para ser tan erosiva sin darme cuenta?"